La Imagen

LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO CORONADA

La efigie de Nuestra Señora del Rosario fue cedida por los Duques de Gor, oficiales de la Archicofradía y bienhechores de la misma, en 1552. Es una interesante talla de madera, obra del siglo XVI, a tamaño natural, en postura de pie, ligeramente inclinada hacia adelante, íntegramente vestida de plata, con el Niño Jesús en su brazo izquierdo y el cetro y rosario en el derecho. El Niño Jesús es de talla, con ricos vestidos de telas. Además de la escultura donaron joyas y un vestido nupcial, estrenado por la Duquesa el día de su boda y transformado en manto y saya, después de orlado con multitud de rosarios de perlas y bordados alusivos a la batalla de Lepanto. Este manto se conserva todavía, en unión de otros trece adquiridos en siglos posteriores, con sus sayas y vestidos del Divino Infante a juego.

La Imagen de Nuestra Señora del Rosario era primitivamente una talla de tamaño inferior al que hoy día presenta, con ropajes tallados y estofados. Pero definitivo fue para su iconografía que D. Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, granadino, decidiera llevarla consigo en su  galera a la Batalla de Lepanto, en 1571, entendible en el contexto de fervor nacional que suscitó esta batalla decisiva para la cristiandad.

Al volver su devoción fue en continuo aumento, prueba de ello es su fastuoso Camarín y Retablo, y el hecho de que a los 57 años de la Batalla, en 1628 , fue revestida de plata labrada a martillo y guarnecida de pedrería fina, costeado por las terciarias dominicas Dª. María Jerónima y Dª. Catalina de Aragón. Este riquísimo y vistoso vestido perpetuo requirió la transformación de la imagen, que al ser de talla completa hubo de retallar el torso para eliminar los pliegues de los ropajes, sustituir las manos y la imagen del Niño, pues la original al quedar revestida también de plata quedó con una composición muy forzada. Fruto de esta transformación, ganó una considerable altura, que es la actual.

El traje perpetuo no obstante se mostraba sólo en solemnes ocasiones, revistiéndola con ricos mantos y sayas en el resto de las veces. Este singular traje se conservó en perfecto estado hasta la invasión napoleónica en que fue expoliada de las piedras preciosas y de la manteleta. Como consecuencia, durante todo el siglo XIX nadie volvió a conocer a la Señora de Lepanto con su traje de plata, habiendo de esperar a los primeros años del siglo XX para dejar ver, de manera tímida, solo la parte delantera, de manera excepcional, siendo también la norma mostrarla a los fieles con sayas y mantos de tela.

En el año 1960, con motivo de su Coronación Canónica, fue restaurado el vestido de plata, dotándole de nueva manteleta y reponiendo todas las piedras que faltaban, obra que ejecutó  el orfebre granadino Miguel Moreno, gracias a la aportación del entonces Presidente de la Archicofradía D. José Martínez Ferrol.  Lo lució la sagrada efigie por vez primera en el día de la Coronación Canónica. Y desde entonces viene presentándose así a los fieles en la procesión de octubre, alternándose el resto del año con diversas sayas y mantos de su ajuar.

La efigie de Nuestra Señora del Rosario, en fechas recientes, ha sido restaurada en el IAPH, intervención encaminada a la limpieza y la conservación de tan venerada Imagen.

Como curiosidad, reseñar que hubo otra imagen más pequeña, fechable en el siglo XVII,  la cual se guardó en la Sala Capitular del postcamarín hasta que en 1859 pasó a la Iglesia de San Basilio, hoy de los PP. Escolapios. Su uso, al igual que hoy día la Imagen de la Candelaria, era el de representar a la Imagen titular para las procesiones mensuales claustrales que en aquella época eran costumbre, dada la dificultad de bajar del Camarín a la Virgen de Lepanto, Nuestra Señora del Rosario Coronada.