Retablo

RETABLO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROSARIO



El magnífico retablo, se inició en 1741 y sustituye a uno anterior del siglo XVII. El retablo se realizó en dos etapas: una primera etapa, 1741–1753, la correspondiente al primer cuerpo, con decoración alegórica a base de relieves mitológicos, atribuida a Marcos Fernández Raya, y una segunda etapa, 1759-1765, obra de Blas Moreno, con muchos elementos de estilo rococó y decoración a base de ángeles. 

Nada más ver el retablo nos llama la atención su monumentalidad, miles de ángeles de todos los tamaños, aparecen por doquier, pero sin embargo nunca se pierde de vista la arquitectura del retablo. El alzado se articula por una calle central, flanqueada por cuatro columnas estípites, organizándose de dentro hacia fuera, en la idea de organización centrífuga barroca. Los interestípites están curvados, para lograr el movimiento, mientras que la parte superior avanza hacia fuera dando impresión de que el retablo vuela sobre el templo.

Iconográficamente, además de los ángeles, aparecen los misterios del santo rosario, a los lados del retablo, constituyendo un friso o guirnalda vertical, faltando uno, la coronación de la Virgen, que es el retablo mismo.


Presidiendo la calle central aparece Dios Padre, sentado en el trono, sobre el que vuela una enorme corona, debajo aparece el Espíritu Santo, y…¿Dónde está el Hijo? El Hijo, segunda persona de la Santísima Trinidad, aparece por triplicado, está materialmente en los brazos de la Virgen del Rosario, está realmente en el Sagrario, y visualmente está en el tabernáculo donde se expone la custodia.

Por último queda reseñar un grupo muy importante de relieves en el primer cuerpo del retablo, a los lados del sagrario, apareciendo en ellos cuatro escenas de carácter mitológico: Hércules Niño, Baco, Júpiter Stator y Júpiter Tonans.

Hay dos relieves más en la base de los interestípites, los cuales representan ambos un templo con un altar de oro, en el primero, el altar es custodiado por un guerrero, espada en mano, en el segundo la custodia del lugar santo recae sobre un ángel guerrero.